viernes, 22 de mayo de 2015

YO, SATÁN
Yo, Apolión, El Destructor. 
Subiré a lo alto y derribaré al Primero y al Lucero. 
Yo, el Tercer Ángel, El Potentado.
Nosotros nos perdimos
Nos perdimos por no escuchar la palabra.
Fuimos despojados desde las alturas de nuestras investiduras.
Como fulgor moribundo fuimos opacados.

Nos revolvimos contra él, contra su póstuma creación.
Pero algún día nos levantaremos como luz incipiente.
Luego como fuego consumidor.
Como Apolión destructor
Volveremos a ser Luz en el firmamento.
Prevaleceremos sobre su preciada creación. 

Antes de él éramos el sello de la perfección, 
Límpidos y acabados en hermosura, predilectos íntimos del creador.
Pero él, el que nació del barro nos arrebató su predilección.
Por vez última lucharemos y recuperaremos su eterno amor.
Somos millones, pero nuestros corazones se inflamarán al unísono.

Nadie podrá resistirnos.

Nos perdimos en la infinitud de la soledad sempiterna, 
En el vacío innombrable, en la vastedad del solsticio.

De allí surgiremos como ladrón en la noche, 
Indescriptibles y temibles.

Entonces por fin proclamaremos nuestra redención. 
Por fin volaremos como enjambre sin piedad, de conquistadores corazones.

Yo, Apolión. El Destructor, el Tercero de los Muros de Sión.
El que era y volverá a ser ÉL Bastión.

El Adalid de los reprimidos. 
Los que eran y serán. Los que fueron y vendrán.

Alzaremos nuestra voz al cielo.
Para que el nacido de barro nos restituya el amor que una vez propio nos fue.

Danzamos, movemos nuestras cabezas con odio, desesperación
 Y sobre todo dolor, porque no soportamos más la pérdida de su predilección.

Nosotros los caídos, los incomprendidos, 
Los hijos del mal ladrón que no echó pie atrás, 
Consecuente hasta el fin.

Ni el frío del hálito mortal lo acobardó.

Como Hombre Valiente murió.


Autor: P.T.M.

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