domingo, 12 de julio de 2015

EL PRIMER AMOR 
Yacía en su lecho de enfermo el querido anciano hacía tiempo viudo.

Estuvo con su esposa hasta el final, reflexionaba con sus ojos húmedos. La morfina que lo ayudaba a soportar el dolor lo tenía en un sopor continuo, que lo hacía soñar más que vivir el presente.

Recordaba sus años de adolescencia cuando estudiaba en un colegio de hombres, y tímido como era, no conocía otras adolescentes. Hasta que llegó su prima de 12 años de Santiago a vivir en la provincia. Ivania se llamaba, ella y su madre lo fueron a visitar cuando tenía 14 años.

Él venía del colegio y de pronto se encontró con su nueva prima en la sala de estar, la abuela lo llamó y les presentó los nuevos parientes, se sentó y se mantuvo callado durante todo el coloquio mirando con curiosidad a su prima con cara de niña, se hizo tarde y se despidieron.

Todos los días se veía obligado a asistir a clases donde los más populares y simpáticos salían a tomar una bebida en un local cercano, a un costado de un colegio de señoritas. Él solo miraba de lejos, como ellos se reían y compartían complicidades con las estudiantes, otras veces se asomaba por la ventana de la sala y veía como ellas pasaban, como seres deseables de otro planeta e inalcanzables para un imberbe adolescente flacuchento y desgarbado.

Algunas veces iba a comprar una bebida y se sentaba solo, a su alrededor los que tenían más labia contaban chistes a las señoritas que pasaban y las invitaban a tomar algo, Él trataba de mirar a alguna pero se sentía más alma en pena (transparente) que hombre de carne y hueso. Al final entregaba el envase vacío cubierto de sudor de sus manos nerviosas.

Llegaba a casa y trataba de estudiar esperando a su madre soltera que aparecía solamente en la noche muy tarde, porque tenía que hacer clases día y noche para educarlo y aportar a la casa de los abuelos.

Y así era cada día de clases, las únicas adolescentes con las que conversaba eran las que aparecían en su libro favorito de cuentos para adolescentes temerosos.
Días después su prima nueva lo llamó para invitarlo a tomar té, extrañado aceptó de inmediato.

Llegó al departamento de su tía en el décimo piso, tocó el timbre y esperó. Escuchó unos pasitos traviesos y la puerta se abrió de golpe, la persona que apareció no fue su prima, sino una amiga de ella, Karen.

Él la miró y sintió de inmediato, sin tener idea por qué, una fuerte sensación en el pecho, como un golpe eléctrico, su rostro era pálido de facciones delicadas aún con un dejo de niña traviesa y dulce. Una franca sonrisa iluminó su rostro, y se alcanzaba a vislumbrar unas claritas pecas en su nariz, su pelo castaño oscuro estaba un poco desordenado, compuesto de finas hebras. Daba la impresión que andaba correteando por ahí. Lo saludó con un hola de voz cantarina y aflautada.

El tiempo se detuvo por un breve momento, pero que quedó en su corazón para siempre.

Entró y compartió cortésmente con su prima y sus amigas, pero poco habló. No la vio más hasta después de dos años, ella se había cambiado al colegio de señoritas que estaba a una cuadra del colegio de hombres. Un día la vio caminando frente a su establecimiento y jamás tuvo el valor para acercarse, pensó para sus adentros "soy un hombre de carne y hueso, pero más bien soy un monigote de pintura y yeso".

Nunca más la volvió a ver. Nunca más volvió a sentir algo semejante. La perdió de vista para siempre

Ahora en sus últimos días se preguntaba qué habría pasado si hubiese seguido su corazón, si hubiese tenido los cojones para enfrentar al destino.

Pero su única hija que sabía la historia, apareció un día con una sonrisa parecida a la de Karen, de su bolso saco una vieja foto de una colegiala y se la mostró. La hija puso de fondo un tema de cinema paradiso y la imagen en el regazo de su padre.

El querido anciano no pudo contener las lágrimas de sus cansados ojos y vio en la foto a su primer amor, en la foto estaba la sonrisa de su dulce Karen.

Entonces su amada hija le dijo:
-Papá, tu prima me ayudó a encontrarla, la foto que tienes la saqué de su mausoleo, en su gira de estudio ocurrió lo inevitable.



                                                                                             Autor: P.T.M.


viernes, 3 de julio de 2015

VIDAS ETÉREAS
VIDAS PASADAS
Dedicada a mi Desconocida

Yo soy un extraterrestre reencarnado. Te conocí en otro planeta, en otra constelación.

Éramos seres etéreos y te acariciaba con mis pensamientos, te tocaba con fibras luminosas y con tu mente derramabas pensamientos perfumados.

Viajábamos a otras realidades donde habían otras razas semejantes, de evolución superior.

Siempre había música flotando literalmente en el aire y el espacio. Con tus fibras capturabas notas y hacías melodías extrañas y armoniosas.

Volábamos a velocidad luz y a veces nos volvíamos corpóreos y brillantes.

Luego dejaste de brillar y tus ojos se opacaron, te volviste difusa y dejaste de existir.

Pero ahora aquí estoy en un planeta azul, el tercero a partir del Sol.

Pintando con la acuarela de la esperanza la pintura de tu venida. 





Autor: P.T.M.
LA ÚLTIMA CLASE
Entonces el profesor, entusiasmado les hizo una clase, cuando aún era alumno de pedagogía en práctica. Él era joven y tuvo como alumnas a unas señoritas de 17 años de edad, eran pobres. Pero el profesor se propuso hacer de esa clase una clase inolvidable, porque estaba reemplazando a una vieja profesora, que se preocupaba más del qué dirán que de lo que aprendían sus jóvenes y tiernas aprendices.

El joven profesor preparó material en su casa y él mismo la imprimió. El material versaba sobre cómo trascender frente a una realidad carente y limitada. Sobre cómo soñar. Sobre imaginar que soy algo más de lo que me siento ahora. Sobre sentir que valgo algo más de lo poco que me siento.

Entonces una de las alumnas levantó la mano y dijo:
- ¿Si sueño que quiero ser gerente, cómo lograré hacerlo?

El inexperto profe dijo: Primero, sigue estudiando una carrera técnica y al mismo tiempo sigue soñando. Tu mente se encargará de hacer el resto.

De las 35 alumnas, una se tomó en serio lo que dijo aquel nuevo profesor. Esa alumna siguió soñando y estudiando. Pero principalmente soñaba despierta todos los días, a pesar de sentirse pequeña.
Cuando ella se tituló, se acordó de su joven profesor y en silencio, mientras le entregaban su diploma, le dio las gracias con agua en sus ojos. Ella no olvidaba aquel trágico accidente, que ocurrió a la salida del liceo, que pasó ese día, en que el profesor nuevo atravesó de improviso la calle. Ese día, fue la primera y la última clase.


Autor: P.T.M.

viernes, 22 de mayo de 2015

YO, SATÁN
Yo, Apolión, El Destructor. 
Subiré a lo alto y derribaré al Primero y al Lucero. 
Yo, el Tercer Ángel, El Potentado.
Nosotros nos perdimos
Nos perdimos por no escuchar la palabra.
Fuimos despojados desde las alturas de nuestras investiduras.
Como fulgor moribundo fuimos opacados.

Nos revolvimos contra él, contra su póstuma creación.
Pero algún día nos levantaremos como luz incipiente.
Luego como fuego consumidor.
Como Apolión destructor
Volveremos a ser Luz en el firmamento.
Prevaleceremos sobre su preciada creación. 

Antes de él éramos el sello de la perfección, 
Límpidos y acabados en hermosura, predilectos íntimos del creador.
Pero él, el que nació del barro nos arrebató su predilección.
Por vez última lucharemos y recuperaremos su eterno amor.
Somos millones, pero nuestros corazones se inflamarán al unísono.

Nadie podrá resistirnos.

Nos perdimos en la infinitud de la soledad sempiterna, 
En el vacío innombrable, en la vastedad del solsticio.

De allí surgiremos como ladrón en la noche, 
Indescriptibles y temibles.

Entonces por fin proclamaremos nuestra redención. 
Por fin volaremos como enjambre sin piedad, de conquistadores corazones.

Yo, Apolión. El Destructor, el Tercero de los Muros de Sión.
El que era y volverá a ser ÉL Bastión.

El Adalid de los reprimidos. 
Los que eran y serán. Los que fueron y vendrán.

Alzaremos nuestra voz al cielo.
Para que el nacido de barro nos restituya el amor que una vez propio nos fue.

Danzamos, movemos nuestras cabezas con odio, desesperación
 Y sobre todo dolor, porque no soportamos más la pérdida de su predilección.

Nosotros los caídos, los incomprendidos, 
Los hijos del mal ladrón que no echó pie atrás, 
Consecuente hasta el fin.

Ni el frío del hálito mortal lo acobardó.

Como Hombre Valiente murió.


Autor: P.T.M.

miércoles, 8 de abril de 2015


EL FORMADOR

Era una casa en un barrio mal iluminado, opaca en su fachada pero digna.

En su interior cobijaba a adictos y alcohólicos que luchaban por rehabilitarse. Ellos asistían a reuniones casi todos las noches. Cada grupo de adictos tenía un monitor o formador que los ayudaba en su proceso de rehabilitación.

Huberto era uno de los formadores. De mediana edad, con una esposa que padecía de esclerosis múltiple. él era estéril y no podía tener hijos. Tal vez por eso trabajaba tanto, para no recordar su tristeza.

Muy tarde en la noche, preparaba con especial cariño la estrategia que debía aplicar con cada uno de los adictos. Trabajaba mucho para pagar el altísimo costo del tratamiento de su esposa. Él trabajaba como chofer de un humilde taxi, estropeado y con las latas colgando y cuando conducía entre los taxis más modernos, parecía que iba pidiendo perdón.

Huberto tenía su pasado oscuro, un pasado de adicción y humillación. Su pasado era una colección de fracasos, mentiras y engaños a sus seres más amados. Este trabajo de Formador era su fin último, su esperanza, su última oportunidad. No la perdería por nada del mundo. 

La lucidez, era esa meta que consistía en dejar para siempre las drogas y el alcohol. En ocasiones hospedaba en su propia casa a aquellos adictos en rehabilitación que no tenían donde dormir. También los alimentaba de su propia mesa.

Cada noche miraba las fotos de su esposa en las que ella aparecía sana, esas fotos donde aparecían riendo felices, abrazados y acaramelados el uno con el otro. Esas noches el ponía la luz baja y contemplaba esas fotos por tiempo indeterminado, acariciando y recordando tiempos felices.
Las fotos tenían algunas arrugas, no por el paso del tiempo sino por las gotas saladas que caían sobre ellas. El cuarto era modesto, de pocos muebles desvencijados y una vieja cortina. Cuando el monitor se acostaba al lado de su esposa, tomaba su mano y cerrando los ojos volvía a caminar con ella por los parques de la época de novios.

Pero había un deseo que ni a su mejor amigo le había contado, el formador quería morir el mismo día que su esposa falleciera. Mas su convicción cristiana le impedía suicidarse, así que todas las noches le pedía al creador que tuviera misericordia de él y le quitara la vida cuando su esposa muriera.
Todos los días se levantaba muy temprano para salir a manejar su taxi destartalado, manejaba con precaución y hablaba de las noticias a sus pasajeros para entretener sus clientes. Mientras tanto su auto se movía tosiendo asmáticamente entre los taxis del último año.

Llegaba puntualmente todas las noches a La Fundación terapéutica, Escuchaba con atención a los residentes en rehabilitación y antes de hablar consultaba con su corazón maltrecho, lleno de heridas, lleno de una profunda melancolía pero dotado de una singular sabiduría. El formador ignoraba que había algo más allá, algo invisible, algo que consolaba su profundísima tristeza, una tristeza que era más profunda que toda la mar que se extiende hacia horizonte de los recuerdos. Los labios invisibles de su madre le susurraban las palabras de vida que debía decirles a los residentes, y las manos invisibles de ella guiaban las manos del formador para abrazar a los decaídos de ánimo.

Tenía una cualidad especial este formador, él podía absorber la tristeza, la congoja, el desánimo y la angustia de un residente al abrazarlo tiernamente. Cuando venía de urgencia un residente a hablar con él , lo primero que hacía era abrazarlo, cada vez que lo hacía la energía negativa del residente se guardaba en el corazón del formador.

Durante la reunión el monitor exhortaba a sus discípulos a conocer sus conductas que los llevaban a consumir drogas y alcohol. En silencio cada discípulo guardaba estas palabras como un tesoro. Tesoro que debían usar cuando salían a la calle. El mensaje de todas las reuniones tenía un fin "La lucidez".
Con el paso de los años muchos de sus discípulos recuperaron la lucidez y la mantuvieron a lo largo de los años.

Había un residente anciano que logró después de tres años la lucidez total, y en su lecho de muerte el último pensamiento que pasó por su mente agotada, fue ese hombre que inexplicablemente se esforzaba por abrazarlo todas las veces posibles. El formador estaba acostado y supo cuando ese anciano falleció. Un golpe de dolor mezclado con amor convulsionó su corazón al punto que sintió que se iba. Pero la mano invisible del anciano volvió a dar ritmo a ese corazón. Esa fue la despedida.

Durante una reunión muy especial el formador les dijo a sus residentes, que ya estaban por terminar el periodo de rehabilitación, las siguientes palabras:
Compañeros amados, a través de ustedes he trascendido, a través de ustedes dejo mi obra, mi sello, mi perfección. Yo estaré con ustedes, para ustedes y en ustedes con mi espíritu.
Continúen mi obra, no desfallezcan, mi espíritu irá con ustedes donde vayan. Nos encontraremos algún día. Mientras tanto constrúyanse, pongan bien los fundamentos  que les enseñé, los puntales de la honestidad, responsabilidad, amor responsable y solidaridad. Cuando ya no esté con ustedes no dejen de reforzar los fundamentos que han construido con esfuerzo y pegado con lágrimas.

Estad atentos y lúcidos, vigilen sus conductas, ellas son sus puertas no las dejen abiertas, porque el ladrón de almas está atento y vigilante para desmenuzarlos como trigo que está listo para la cosecha.
Y cuando estén tristes, recuerden, vayan al pozo de agua que puse en sus corazones y miren. Verán mi reflejo en sus rostros, recordarán que yo pasé por lo mismo y recordarán mis palabras. En la superficie del agua verán sus tribulaciones que fueron mías también. Entonces desde el más allá les hablaré, no desfallezcan, la obra aún no está completa hasta cuando nos veamos al final del camino.

En ese momento tendremos la última reunión terapéutica, donde daremos cuenta de nuestro último día y tendremos la última retroalimentación.

Después que terminó la reunión terapéutica, los residentes se retiraron y el formador quedó solo en medio de la habitación con su la lápiz y su cuaderno, en éste anotaba los sentimiento y las cosas que había hecho cada residente el día anterior, sus alegrías, sus angustias, sus rabias. Esperó todavía un poco más porque sentía un hormigueo en el brazo izquierdo, luego un dolor súbito irradio desde el pecho.

El formador se dobló de dolor en su silla y apretó con fuerza los dientes. Un sonido de mensaje escrito sonó desde el celular, pero el formador no pudo verlo. El dolor se volvió horriblemente intenso y un rictus de dolor asomó al rostro del guía. Este era el dolor del sacrificio último, el dolor de la purificación de amor.

La contracción desapareció de la cara del monitor, su cuerpo se relajó y su espíritu se aquietó. Lentamente sus dedos dejaron escapar el lápiz y rodó lejos de la silla. El cuaderno cayó al suelo y su rostro se distendió.

El último mensaje de su celular decía: "Huberto ven pronto, tu esposa acaba de fallecer"

La oración del formador había sido escuchada.