EL PRIMER AMOR
Yacía en su lecho de enfermo
el querido anciano hacía tiempo viudo.
Estuvo con su esposa hasta
el final, reflexionaba con sus ojos húmedos. La morfina que lo ayudaba a
soportar el dolor lo tenía en un sopor continuo, que lo hacía soñar más que vivir
el presente.
Recordaba sus años de
adolescencia cuando estudiaba en un colegio de hombres, y tímido como era, no
conocía otras adolescentes. Hasta que llegó su prima de 12 años de Santiago a
vivir en la provincia. Ivania se llamaba, ella y su
madre lo fueron a visitar cuando tenía 14 años.
Él venía del colegio y de
pronto se encontró con su nueva prima en la sala de estar, la abuela lo llamó y
les presentó los nuevos parientes, se sentó y se mantuvo callado durante todo
el coloquio mirando con curiosidad a su prima con cara de niña, se hizo tarde y
se despidieron.
Todos los días se veía
obligado a asistir a clases donde los más populares y simpáticos salían a tomar
una bebida en un local cercano, a un costado de un colegio de señoritas. Él
solo miraba de lejos, como ellos se reían y compartían complicidades con las
estudiantes, otras veces se asomaba por la ventana de la sala y veía como ellas
pasaban, como seres deseables de otro planeta e inalcanzables para un imberbe
adolescente flacuchento y desgarbado.
Algunas veces iba a comprar
una bebida y se sentaba solo, a su alrededor los que tenían más labia contaban
chistes a las señoritas que pasaban y las invitaban a tomar algo, Él trataba de
mirar a alguna pero se sentía más alma en pena (transparente) que hombre de
carne y hueso. Al final entregaba el envase vacío cubierto de sudor de sus
manos nerviosas.
Llegaba a casa y trataba de
estudiar esperando a su madre soltera que aparecía solamente en la noche muy
tarde, porque tenía que hacer clases día y noche para educarlo y aportar a la
casa de los abuelos.
Y así era cada día de
clases, las únicas adolescentes con las que conversaba eran las que aparecían
en su libro favorito de cuentos para adolescentes temerosos.
Días después su prima nueva
lo llamó para invitarlo a tomar té, extrañado aceptó de inmediato.
Llegó al departamento de su
tía en el décimo piso, tocó el timbre y esperó. Escuchó unos pasitos traviesos
y la puerta se abrió de golpe, la persona que apareció no fue su prima, sino
una amiga de ella, Karen.
Él la miró y sintió de
inmediato, sin tener idea por qué, una fuerte sensación en el pecho, como un
golpe eléctrico, su rostro era pálido de facciones delicadas aún con un dejo de
niña traviesa y dulce. Una franca sonrisa iluminó su rostro, y se alcanzaba a
vislumbrar unas claritas pecas en su nariz, su pelo castaño oscuro estaba un
poco desordenado, compuesto de finas hebras. Daba la impresión que andaba
correteando por ahí. Lo saludó con un hola de voz cantarina y aflautada.
El tiempo se detuvo por un
breve momento, pero que quedó en su corazón para siempre.
Entró y compartió
cortésmente con su prima y sus amigas, pero poco habló. No la vio más hasta
después de dos años, ella se había cambiado al colegio de señoritas que estaba
a una cuadra del colegio de hombres. Un día la vio caminando frente a su
establecimiento y jamás tuvo el valor para acercarse, pensó para sus adentros
"soy un hombre de carne y hueso, pero más bien soy un monigote de pintura
y yeso".
Nunca más la volvió a ver.
Nunca más volvió a sentir algo semejante. La perdió de vista para siempre
Ahora en sus últimos días se
preguntaba qué habría pasado si hubiese seguido su corazón, si hubiese tenido
los cojones para enfrentar al destino.
Pero su única hija que sabía
la historia, apareció un día con una sonrisa parecida a la de Karen, de su
bolso saco una vieja foto de una colegiala y se la mostró. La hija puso de
fondo un tema de cinema paradiso y la imagen en el regazo de su padre.
El querido anciano no pudo
contener las lágrimas de sus cansados ojos y vio en la foto a su primer amor,
en la foto estaba la sonrisa de su dulce Karen.
Entonces su amada hija le
dijo:
-Papá, tu prima me ayudó a
encontrarla, la foto que tienes la saqué de su mausoleo, en su gira de estudio
ocurrió lo inevitable.
Autor: P.T.M.