EL
ENJUGADOR DE LÁGRIMAS
"Tus lágrimas no van a caer al Suelo"
"Tus lágrimas no van a caer al Suelo"
El pastor subió al escenario para predicar el mensaje de
todos los domingos, pero el público ignoraba que como un muro de represa estaba
a punto de quebrarse.
Estaba desalentado, hacía tiempo que nada salía como esperaba, parecía que las oraciones ya no llegaban al Padre, todos sus planes fracasaban y nada resultaba.
Había una sombra ominosa, oscura e invisible que se cernía sobre él y su familia.
Frente a él había una muchedumbre llena de problemas personales, madres con hijos alcohólicos, padres sin trabajo, hijas perdidas en la droga, mujeres abusadas, seres decepcionados preguntándose si tenía algún sentido que estuviesen vivos o si solo estaban gastando aire que otro ser más valioso podía respirar.
El agobio, la tristeza y las heridas del alma goteaban de esos seres escurriendo al suelo.
El hombre en el escenario guió los cantos y predicó el sermón preparado con mucho esmero. Pero todos se sentían igual que cuando entraron, el ambiente era patético.
El pastor sintió que en su corazón se rompió algo indefinible, el dolor más profundo subió de su pecho y se alojó en su garganta.
Una vocecita en su corazón le dijo "Déjame Fluir".
El hombre ordenó que cesara toda música, solo quedaron unas leves notas de piano.
Su cuerpo se estremeció y se dejó caer al suelo, con una tristeza tan espesa que se convirtió en su segunda piel. Lo único que atinó a decir por el micrófono frente a todos fue "no sé qué hacer Padre" y tranquilas gotas de agua salieron de sus ojos.
Cuando esas sencillas palabras salieron de sus labios, el corazón del Padre se estremeció, Él le hizo una seña al Arcángel y éste con un ademán imperioso extendió el brazo hacia TODOS los seres angelicales, callándolos al unísono, el Padre por amor a ese hombre afligido, hizo que todo el universo guardara silencio, solo para escuchar a ese ser con la máxima atención.
Lentamente se quitó su corona y la puso en una esquina del respaldo del trono, se inclinó a un costado y moviendo su cabeza hacia muy abajo, encorvó su espalda, dirigiendo sus oídos al hombre, el Padre se deshizo de su corona porque le estorbaba para escuchar a su hijo.
Entonces Él le dijo al Enjugador De Lágrimas "ve donde mi hijo".
El espíritu descendió raudo y con gran urgencia, por amor al Padre.
El amor ardiente del Padre estrujó el corazón del espíritu, y de los ojos de éste también salió apacible agua.
El pastor sintió una tibieza en el pecho y el Ágape descendió sobre él, la tristeza se derritió frente a ese fuego consumidor.
El Enjugador de lágrimas extendió frente al hombre una delicada ánfora y capturó cada una de las lágrimas que salían de los ojos del pastor, vertiéndolas en la vasija.
Hizo lo mismo con cada una de las almas que allí estaban derramando su corazón.
El Enjugador usaba una pequeña vasija especial para cada uno(a), usaba la primera lágrima como tinta para escribir el nombre de la persona en la superficie de la ánfora.
La pesadumbre fue diluida en las lágrimas que recolectaba el Enjugador.
Mientras tanto el Ágape se esforzaba y trabajaba con gran diligencia usando sus cinceles para esculpir la esperanza en los corazones de ellos y sacaba su martillo de la fe para quebrar las aristas de la duda, luego limpiaba y abrillantaba todo con el paño del amor del Padre.
Todo pensamiento se esfumó, toda penumbra se deshizo, el Padre se hizo uno con todos.
Luego cada vez que el Enjugador juntaba las lágrimas de un ser, subía raudo a los cielos y se presentaba delante del Padre. Extendía la vasija acercándola a las manos heridas de Jesús y éste al Padre.
Él la tomaba con sumo cuidado y precaución, aún sintiendo la tibieza de ellas y era tanto el dulce y tierno Amor por sus hijos que no podía contener una gota de agua que se deslizaba por su mejilla.
Sus entrañas se enternecían por esas perlas de altísimo valor.
Luego abría la vasija para oler un perfume fragante que salía de ella. Y usaba las lágrimas como tinta para escribir las oraciones de sus hijos.
Ya saben los ángeles que cuando una vasija de dolor es presentada al Padre, deben guardar silencio ante la fragilidad del hijo y el amor del Padre.
A partir de esa noche, el Pastor tuvo la certeza de que siempre iba a haber alguien, que esperaba con anhelo escribir y responder sus oraciones más simples.
Oraciones de amor.
Autor: P.T.M.
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