DONDE VAN LOS
HOMBRES TRISTES
Es una casa
que recibe a los adictos, que vienen a luchar contra su gigante.
La alegría se les fue, ella los ve de lejos y huye despavorida. Solo la tristeza los espera a la vuelta de la esquina, en una noche helada que los abofetea con sus dedos de escarcha.
La alegría se les fue, ella los ve de lejos y huye despavorida. Solo la tristeza los espera a la vuelta de la esquina, en una noche helada que los abofetea con sus dedos de escarcha.
Vienen a
tratar de reparar todo lo que han mentido, engañado, manipulado, herido y
robado. A tratar de deshacer el sendero de desolación y llanto en que caminan
sus seres cercanos.
Les espera un camino
muy largo en que la risa se les convertirá en una cosa ajena y grotesca.
En la nueva
casa le sacarán los trapos sucios al sol y los confrontarán con sus
manipulaciones, engaños y autoengaños, el que sea humilde no será derribado.
Beberán de la botella de las palabras nunca dichas.
Beberán de la botella de las palabras nunca dichas.
Barrerán con
una escoba las palabras mentidas y repararan las palabras de las verdades,
rotas por las medias dichas.
Y al final de
la noche recogerán con sus manos heridas, los pedazos rotos del espejo de su
autoestima. Uniéndolos con el pegamento de su aflicción.
Pero en sus casas ya no los esperan con ojos hinchados, ahora los esperan con ojos de esperanza.
Autor: P.T.M
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