CUANDO ELEVAMOS EL VOLANTIN
Este es un relato que escribo para mi mismo. No lo escribo para los hombres ni para usted estimado lector, lo hago solo para que este relato sea desechado, como se desecha un pedazo de papel higiénico.
Cuando tenía aproximadamente catorce años de edad, tuve un buen vecino que era hijo único igual que yo. Vivíamos en una cuadra rodeada de negocios comerciales, pequeñas tiendas. El era mi único amigo en la cuadra.
No tenía nadie con quien jugar excepto con mi vecino que se llamaba Juan. Juan es un nombre biblíco, que tiene cierto carisma y misterio, les da a aquellos que lo portan, una cualidad especial que los hace amigos del destino, compinches de los hombres.
Asistía a un colegio donde un grupo me molestaba, era un suplicio ir a ese detestable colegio. Los mejores momentos eran cuando regresaba y estaba solo, en mi imaginación no me podía aburrir, siempre había un libro cerca de mi cama para leer y releer. Ese era mi regugio.
Si no estaba leyendo entonces buscaba a mi amigo Juan. Mi casa era larga, primero había cuarenta metros de patio y luego venía la casa. Ésta colindaba por medio un único muro con la extensa casa de mi vecino.
Cuando necesitaba llamar a mi amigo lo hacía subiendo una desvencijada escalera de madera que estaba justo al lado del muro que nos dividía. Entonces pegaba un grito "Juan Eduardoooooooooooooooooooooooo
Los dos eramos hijos de madres separadas, sin ninguna ayuda de nuestros padres. Teníamos madres esforzadas que luchaban por mantenernos en tiempo de dictadura militar. En esos tiempos de represión brutal sólo quedaba, nuestro refugio, la imaginación.
Al lado de la casa de mi vecino había una feria. Desde mi muro podía contemplar el largo tejado y estaba lleno de cosas que los feriantes guardaban o ya no usaban.
Un día,en la tarde, contemplando el techo de la feria se me ocurrió una idea.
Le dije a mi amigo que subiéramos al techo de la feria. No era difícil subir, solo teníamos que agarrarnos de las salientes del muro para llegar arriba. Cuando llegamos al techo, preparé mi volantín con un larguísimo hilo. Debido a las construcciones cercanas el viento era limitado y esto hacía muy difícil elevar el volantín.
Pero algo me decía que se podía lograr, no sé, tal vez algún espíritu misterioso me susurraba como silbo apacible y delicado que tenía que elevar ese volantín en condiciones tan difíciles.
Estabamos arriba, en el techo de la feria. Dos adolescentes imberbes, uno muy gordo y otro muy flaco, ante el desafío de elevar un volantín dentro de la misma cuadra y con edificaciones alrededor.
Pero algo me susurró a mi alma, algo que decía que se podía lograr. Le dijé a mi vecino que lanzará el volantín hacia arriba mientras yo sostenía el hilo del volantín. Mi amigo lanzó muchas veces el volantín, pero era muy difícil que remontara el vuelo. Hicimos muchos intentos para que subiera al cielo. Realmente era mucho más difícil de lo que imaginaba, estaba a punto de darme por vencido. Pero entonces en ese momento vino el susurro a mi alma, que decía que hiciera un intento más, sólo un intento más. Y así lo hicimos, y al hacer el último esfuezo vino una ráfaga de viento que elevó el volantín a lo alto, al cielo infinito, azul y tranquilizador.
Estabamos felices, una empresa que parecía imposible lo logramos, contra todo pronóstico el volantín emergió victorioso a lo alto. Subió tan alto que el hilo colgaba como una parábola. La cometa se elevó y se elevó tan alto como pudo. Extasiados contemplábamos nuestro triunfo. El volantín se movía de un lado a otro, amenazando su sustentación, pero ante unos mínimos tirones que le daba lo volvían a su lugar.
Entonces llegó la hora de recogerlo. Tenía mis dudas respecto si iba poder traerlo de vuelta. Pero el azar se encargó del resto. El hilo de improviso se cortó, el viento de encargó de llevarlo a misterioso destino. Vimos con estupefacción como lo llevaba aún más alto, se alejó hacia el horizonte, hacia lo desconocido.
Un niño descubrió un volantín en el tejado de su casa y alegre se apropió de el. Pero no tenía idea del significado de esa cometa. Un significado de triunfo, de trascendencia, de sueños aparentemente imposibles.
De esperanza.
Autor: P.T.M
Pato, cuando mencionas ese detestable colegio, te refieres al Colegio San Luis de Antofagasta? Fuiste víctima de burlas, humillaciones, eso que ahora se etiqueta como bullying? Mientras viviste ese trance lo comunicaste a alguien, buscaste ayuda? Acaso no había nadie en quien confiar en ese establecimiento?
ResponderEliminarMe han gustado mucho tus poemas y relatos, algunos muy catárticos y nada de mediocres. Un abrazo.